Vía Crucis Magno de la Fe - Ilustre y Piadosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura. (Córdoba - España)

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Vía Crucis Magno de la Fe

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Vía Crucis Magno de la Fe
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Grandeza que desborda

   Demasiada belleza, demasiado recogimiento, demasiada estampa incomparable de pasos caminando en casi silencio y sin aplausos, demasiado camino en el paso para cofradías más hermoso de este mundo, demasiado pueblo en las calles, demasiada expectación, demasiada admiración, demasiada fe, que se palpó y se respiró en lo callado. Hubo tan demasiado de todo en el Via Crucis Magno de Córdoba, que no cabía.

   Salió tan bien lo que salió bien, el público, el tono del acto, el esfuerzo de las cofradías por estar impecables de principio a fin, que toda esa sobredosis de grandeza desbordó la hermosa vasija que la contenía y acabó por tener consecuencias que nadie deseaba.
   ¿Éxito monumental o fracaso que no hay que repetir? ¿Día para la historia o para que se olviden las cofradías repetirlo? Hubo de todo un poco, aunque la memoria siempre selectiva con la mitad que no agrada, más endulzada siempre por el sentimiento, dirá que sí fue un día grande de las cofradías, que llenaron una ciudad atestada como nunca jamás se había visto, decían muchos, y que a pesar del retraso del comienzo dejaron estampas y caminos que habrá que recorrer otra vez. Y otros que no habrá que volver a pisar para no repetir en el futuro lo que parecen errores.

   Hablaban de 150.000 personas, pero la Policía Local tiró la toalla: «incalculable», «un volumen de gente como nunca se había visto en Córdoba». Quizá más. Eran quienes abarrotaban la plaza de San Ignacio de Loyola a las cinco de la tarde. Los que llenaron el centro y consiguieron que la calle de la Feria estuviese, ya que no llena de azahar, sí al menos de todos los que lo anhelaban una tarde de septiembre.

   Los que vieron cómo avanzaba la Sentencia a paso largo, guiada como el Lunes Santo por la torre de la Catedral, los que escucharon a la música acunar más en silencio todavía al Cristo de la Expiración, cuando había calles por las que ya no se podía pasar. A las nueve menos diez, cuando todo comenzó en la Puerta del Puente, la música sonaba como un triunfo, como si la inspiraran las palmas victorias del martirio. Un mar de cabezas llenaba la plaza del Triunfo y la calle Torrijos, y el marco, entre la magnificencia renacentista de Hernán Ruiz, la majestad barroca del pedestal de San Rafael y la indescriptible magia de la Catedral. La mejor carrera oficial del mundo. La Reina de los Mártires derrochaba elegancia, en la armonía entre las flores blancas, la cera rizada y la música que se iba pegando a los oídos conforme subía por la calle Torrijos. No podía empezar mejor.

   La memoria contará después que llegaron los pasos del Via Crucis Magno, y que la ciudad, a la que se ha tachado de aplaudidora y de buscar espectáculos, al menos la que esperaba en la Puerta del Puente, se recogió en su alma silenciosa y acompañó a lo que veía. Será un recuerdo generoso de pasos que se sucedían unos a otros con una cadencia ejemplar, y los recuerdos competirán unos con otros para recordar la estampa más grandiosa. El blanco inocente del Señor de la Oración en el Huerto. A juego con las flores, la sobriedad del Rescatado y su túnica morada, el color del día. La tierna mirada de Jesús de las Penas. La majestad del misterio de la Redención y la crueldad con que sonaron en el rezo y la profunda voz de Fermín Pérez las negaciones de San Pedro. La ternura del Señor y la duda de Pilatos.

   Si hubo aplausos y algarabía lógica con la Reina, no volvieron a sonar. La música de capilla, tan tenue y difícil otras veces, se dejaba notar como si se surrase al lado. El Via Crucis Magno, al menos en la Puerta del Puente, lo fue con todo el recogimiento y la seriedad que merecía, y así iba pasando.

   La crueldad de las burlas a Jesús Humilde, con la clámide roja y el cetro de caña en las manos, más indefenso que nunca. La serenidad del Señor de la Pasión bajo el peso de la cruz, otra vez con el morado del Via Crucis y la penitencia. La ternura de Jesús Caído en la mirada. El desconsuelo de las mujeres que anhelan la mano del Señor de la Santa Faz.
El color morado

   El morado, otra vez el morado, en la túnica de Jesús de la Humildad y Paciencia y el rojo y las ramas de espino de los claveles. La mirada al cielo de San Dimas perdonado por el Cristo del Amor, y otra vez el morado del arrepentimiento. El grito de Expiración en un silencio que no había que imponer chistando. La muerte consoladora del Cristo del Remedio de Ánimas. La triteza consumada del Descendimiento. El dolor sin asolar el rostro joven de la Virgen de las Angustias. La majestad arquitectónica en la que se acuna al Señor Yacente y el sudario blanco del que se desprende por fin el Resucitado. Guardará la memoria el camino silencioso y el recogimiento, la posibilidad de hacer una Semana Santa honda en el marco más monumental que se pueda imaginar, y se recodarán las estampas de imágenes que se ven y otras que se intuyen por las tulipas.

   Pero habrá también que recordar que entre la Reina de los Mártires y el Huerto pasaron más de tres cuartos de hora, y que el mar de cabezas humanas que llenaba la calle de la Feria y la Cruz del Rastro no sólo era un desborde de lo que se esperaba, sino también de lo que se podía asumir. Una aglomeración extraordinaria impidió que la secuencia de pasos se organizase como se había previsto, y algunas cofradías sufrieron parones de una hora. Tampoco se libró el recorrido común, donde decenas de personas entraron sin silla ante la imposibilidad de contenerlas. Decir que se habían desbordado las previsiones de todo el mundo nunca fue tan exacto.

Luis Miranda - Diario ABC de Córdoba 15/9/2013.



Un museo de devoción

   El momento cumbre del Via Crucis Magno de la Fe se vivió en la Santa Iglesia Catedral. Apenas unas horas antes de que las primeras imágenes llegasen, el templo vivía una tierna tranquilidad. Un silencio bello y desgarrador que pocas veces le acompaña en su caminar histórico.

   La Reina de los Mártires abrió la puerta de entrada a una tarde noche inolvidable para los mieles fieles, a la vez que afortunados, que tuvieron la suerte de vivir un día grandioso desde dentro, en la Catedral. La primera entrada sirvió para darle los primeros trazos de luz a una jornada llena de hermosura, devoción y entrega.

   El éxito de la celebración desbordó las calles de público. La riada humana también se dejó notar desde el Patio de los Naranjos hasta las entrañas del templo mayor. Allí, el retraso acumulado por los pasos durante su tramo común también se dejó sentir en el proceso de llegada de las imágenes y sus portadores.

   Tras la llegada de la Reina de los Mártires, la Santa Iglesia Catedral fue una riada de pasos procesionales abriéndose camino por los históricos arcos bicolores. Y eso que hubo que esperar un pequeño parón hasta la llegada de la Oración en el Huerto, segundo paso, debido al retraso que registró la procesión por la acumulación de público en la Cruz del Rastro.

   Pero todo se da por bueno. Sobre todo, porque la historia de la ciudad, desde anoche, tiene una nueva e importantísima página escrita con retazos de fe. La Catedral se convirtió en un museo de devoción. Tantas y tan bellas imágenes unidas. Será difícil repetir algo igual. Fue insólito. Inigualable. Posiblemente, inmejorable, con estampas únicas y grandiosas.

   La nave principal fue una riada de pasos para representar la Pasión de Cristo. Un desfile fantástico. Una parada inmejorable. Incluso la Capilla de Villaviciosa recogió con más cercanía la unidad de 18 pasos que ayer se unieron para ser sólo uno: la alegría de celebrar un día inolvidable.

Obispo
   El acto más puramente religioso de Adoración al Santísima Sacramento comenzó también con retraso, sobre la medianoche. Pero fue tan emotivo o más que la jornada del Via Crucis Magno de la Fe.

   El Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, destacó que «la fe ha movido montañas, tal y como hoy ha movido a la ciudad de Córdoba» para seguir a sus imágenes en un día histórico. Monseñor Fernández volvió a cargar contra la corrupción. «El Via Crucis sigue vivo en quienes no tienen trabajo y en quienes tienen que dejar su casa por no poder pagar la hipoteca», dijo, ya que «es un sufrimiento que viene de la avaricia y la corrupción» que se ha instaurado en nuestra sociedad.

   El obispo, muy emocionado, sintió que «la Catedral nunca ha estado tan bonita como esta noche, llena de cofrades con una fe viva», un gesto que entusiasmó a los fieles. Ahí dio paso a la bendición y al regreso de las imágenes a los templos para completar una noche única. Como ver al Caído, Rescatado, Redención o Humildad y Paciencia por vez primera en la Catedral.

Antonio Varo - Diario ABC de Córdoba 15/9/2013



Miles de personas llenan Córdoba para el Vía Crucis
 
   Luz en la noche más cofrade de todas en Córdoba. Luz y también silencio en el Vía Crucis Magno, un cortejo organizado por la Agrupación de Cofradías y Hermandades con motivo de la celebración del Año de la Fe y que sirvió, además, de ensayo general para una posible nueva carrera oficial y un itinerario totalmente diferente al de la actual Semana Santa en Córdoba. Un ensayo que reunió a miles de personas tanto en la que será la nueva carrera oficial, como en los accesos a la misma. El acto -no el vía crucis en sí, sino la llegada de la Reina de los Mártires- comenzó con casi un cuarto de hora de retraso sobre la hora prevista, ya que no fue hasta pasados unos minutos de las 21:00 cuando la Reina de los Mártires llegó al punto de encuentro y donde el obispo, Demetrio Fernández, ofreció una oración por los mártires de Córdoba. "Aquellos que toleraron intensos tormentos hasta dar la vida por el amor a Cristo", recordó el prelado, quien después de la oración entregó un ramo de flores blancas a la titular de la hermandad de la Buena Muerte. La Reina de los Mártires fue el único paso que realizó el Vía Crucis Magno con banda de música, en concreto, con la agrupación Julián Cerdá del municipio gaditano de Sanlúcar de Barrameda, que interpretó a su llegada a la plaza del Triunfo la marcha Salve Regina Martyrum. La Reina de los Mártires fue, además, la que abrió el cortejo y que consiguió iluminar con su bella candelería este rincón del entorno de la Catedral, llamado a ser el epicentro de la Semana Santa de Córdoba en un futuro no tan lejano.

   Tras su paso, La espera de la llegada de la Oración en el huerto se hizo más que larga. No en vano, no fue hasta las 21:50 cuando se inició el rezo del Vía Crucis. Tan larga se hizo la espera, que el delegado de cofradías, Pedro Soldado, tuvo que tomar la palabra, pedir paciencia a los asistentes -muchos estaban en su sitio desde antes de las 20:00- y reconocer lo que ya era un clamor entre el público que aguantaba estoico. "La comitiva no se ha podido agrupar hasta ahora", informó. Y es que, la aglomeración de público en el entorno de la Cruz del Rastro provocó cierto colapso y algún que otro problema en el cortejo final. Es más, según reconocieron fuentes de la propia Agrupación de Cofradías, el elevado número de personas concentradas en aquella zona había provocado el desvío de la cofradía de Ánimas, lo que al mismo tiempo provocó el retraso en el inicio del vía crucis. La organización de este evento -que la propia organización que preside Francisco Gómez Sanmiguel tildó en su día de "histórico"- dejó algo más que desear, sobre todo, al principio del mismo. En primer lugar, por la distribución de la sillas, que generó algún problema que otro entre aquellos que habían comprado una silla y cuando llegaron estaba ya ocupada, entre otros motivos, por el cambio de los colores de cada espacio. En segundo lugar, por el sitio reservado a la prensa, justo en el Triunfo de San Rafael, que tampoco estuvo vigilado, lo que provocó que decenas de personas se colaran y dificultaran el trabajo a los medios de comunicación. Y en tercer lugar, por el retraso en el inicio del rezo del Vía Crucis. Eso sí, una vez superados todos estos incovenientes -sobrevenidos por la propia magnitud del evento-, el Vía Crucis se desarrolló con normalidad.

   El paso de la Oración en el Huerto, cuyo titular llevaba una túnica blanca, inició el rezo guiado por el obispo a eso de las 21:50. A continuación, el paso del Rescatado, el Señor de Córdoba, el mismo que sale cada Domingo de Ramos y que tiene tantos fieles que sale el último en el cortejo. Lo que sí se cumplió con precisión fue el tiempo establecido entre paso y paso, unos cuatro minutos entre unos y otros, lo que dio cierta agilidad al rezo piadoso, que se desarrolló en absoluto silencio. Un silencio que llegó a ensordecer, incluso, a los pocos aplausos que más de uno quiso ofrecer al paso de algún que otro titular. Un silencio sólo roto por la música de cámara que acompañó a cada paso y el sonido de los llamadores cada vez que un paso iniciaba su paso hacia la Catedral.

   Después de todos los problemas iniciales, el Vía Crucis Magno prosiguió con rapidez y por la plaza del Triunfo pasaron todos los pasos previstos, como la citada solemnidad del misterio de Humildad y Paciencia, de la hermandad de La Paz, o la imagen inédita del Remedio de Ánimas. Todos los pasos levantaron la ovación callada de los asistentes, que siguieron el rezo del vía crucis, guiado por el cofrade Fermín Pérez Martínez, encargado de leer las estaciones de penitencia con gran elegancia. Así fueron pasando una tras otras las hermandades del Huerto, Rescatado, Penas, Redención, Sentencia, Coronación de Espinas, Pasión, Caído, Encuentro, Verónica, Humildad y Paciencia, Amor, Expiración, Ánimas, Descendimiento, Angustias, Santo Sepulcro y el Resucitado, que cerró el cortejo pocos minutos después de las 23:30, poniendo el colofón a un acto más que singular y que dejó para historia estampas tan inéditas como ver de noche el paso del Resucitado o ver a plena luz y sin rastro de la noche la salida de la iglesia de San Hipólito a la Reina de los Mártires. Unas imágenes, sin duda, que se quedaron en la retina de las miles y miles de personas que se dieron cita en la ciudad y que pasarán a la historia de todos ellos.

   Tras el rezo de cada estación del Vía Crucis, cada hermandad acudió al interior de la Catedral, donde se expuso el Santísimo en el Altar Mayor y el obispo ofreció unas palabras a los asistentes. Tras este acto, las hermandades comenzaron a salir y emprendieron el regreso a sus templos entre el fervor popular y miles de personas esperando su paso por en un acto que, como el de ayer, fue sin duda histórico y que abre la puerta a una nueva organización de la Semana Santa en Córdoba.

  Las mismas fuentes de la Agrupación de Cofradías consultadas por El Día llegaron a asegurar que más de 150.000 personas se dieron cita ayer para ver el Vía Crucis Magno en toda la ciudad y añadieron que el número de sillas vendidas superó las 10.000, mientras que fuentes de la Policía Nacional cifraron la asistencia de público en el entorno del templo principal de la Diócesis en unas 15.000 personas. Las citadas fuentes de la Agrupación de Cofradías señalaron además que un centenar de voluntarios se encargó de velar por la seguridad en la distribución de sillas, junto a una veintena de agentes de seguridad privado. Debido a la gran afluencia de visitantes se desplegaron 300 efectivos para garantizar la seguridad tanto de los que acudieron a presenciar el acto religioso como de los miembros de las distintas hermandades participantes. En concreto el dispositivo de seguridad contó con un centenar de agentes de Policía Local, entre los que se incluyen personal de la Unidad de Prevención y Reacción, patrullas y agentes sin uniforme. Sea cual sea la cifra final y la oficial de los asistentes, lo que es bien cierto es que miles de personas tomaron ayer las calles de la ciudad para disfrutar de esta acontecimiento piadoso que dejó un buen sabor de boca a todos los cofrades.

Lourdes Chaparro - Diario "El Día" de Córdoba 15/9/2013



Fe auténtica y sencilla al paso de las Imágenes

   Fe. auténtica fe. Sencilla y popular, del pueblo y para el pueblo. Eso es lo que se vivió ayer alrededor del Vía Crucis Magno de la Fe. Una espectacular catequesis plástica donde las cofradías mostraron su tesoro más preciado, la Fe, con imágenes unas de siglos otras años pero todas cargadas de plegarias y de promesas cumplida. En resumen auténticos relicarios de un don tan preciado como la fe.
   Una devoción que estuvo palpable desde primeras horas de la tarde cuando cientos de personas acompañaron a las cofradías más tempranas, Merced y Estrella. Una vez más, sus barrios estuvieron con ellas. Poco a poco, la ciudad se iba poblando de pasos y para las siete de la tarde el público no sabía dónde acudir con más de la mitad de las cofradías en la calle.

   Con mucho calor y cada vez más gente, Nuestra Señora Reina de los Mártires llegaba a la Puerta del Puente a los sones de la marcha Mater Mea , sencillamente impresionante. La dolorosa de la hermandad de la Buena Muerte sorprendió con un exquisito adorno floral de rosas blancas y sobre todo por la disposición de la cera, donde se pudo ver casi veinticinco años después la cera rizá . La Virgen caminó hasta el obispo de la diócesis y el presidente de la Agrupación de Cofradía, quienes ofrendaron a la imagen con un tributo de cera y flor en honor de los mártires cordobeses.

   Tras solucionar el pequeño incidente provocado por la ingente muchedumbre que se congregó en la calle de la Feria y que retardó la llegada de algunas cofradías al recorrido común y, por ende, el comienzo del Vía Crucis, la rotunda voz del cofrade Fermín Pérez leía la primera estación. En ese momento, el Señor de la Oración en el Huerto estaba ya enmarcado en la Puerta del Puente. Para esta ocasión, la imagen fue toda vestida de blanco, al igual que el Angel, prescindiendo de cualquier tipo de bordado como se puede ver en Semana Santa. El exorno floral, a base de pequeña flor morada y uno bouquet de rosas rojas. A lo sones de la música de capilla, como la que acompañó a todos los pasos durante el rezo del Vía Crucis, el Señor orante caminaba hacia el interior de la Catedral.

   Como en una secuencia cinematográfica, la imagen reforzaba la palabra, Jesús es arrestado, decía la voz y en la plástica cofrade las poderosas manos del Nazareno Rescatado. Un auténtico manantial de Fe. El Señor lució, demasiado austero, con túnica lisa sobre un monte de flor morada con relleno de helecho. Y de nuevo la música de capilla perdona a tu pueblo Señor , mientras ya se anunciaba la tercera estación y Jesús de las Penas avanzaba a los sones de un quinteto de viento. Clavel rojo y rosas del mismo color. Costaba trabajo ver al Gitano con tanta sobriedad. Mientras Jesús de la Penas ya avanzaba por Torrijos, Jesús de la Redención ya estaba enmarcado en la Puerta del Puente. El titular de la hermandad de la Estrella, exornado de clavel rojo, se dirigía al interior de la Catedral. Tras él, la cruz de guía y el impecable cortejo de la hermandad de la Sentencia, quinta estación, que avanzaba solemnemente con los muros de la Catedral como dorado telón de fondo.

   No se oía nada. El público se mantenía atento viendo esta sagrada escenificación de la Pasión, este teatro popular donde los actores fueron estas devociones tan cercanas y el público demostró el respeto levantándose ante su paso y rezando en voz alta cada uno de los padrenuestros que siguieron a cada estación.

   De nuevo la ronca voz de Fermín Pérez rompía ese silencio para recibir a Jesús de la Coronación de Espinas, que representó la sexta estación. El titular de la hermandad de la Merced sorprendió con una clámide que le tapaba parte del cuerpo dándole más fuerza al relato evangélico que representa. Reforzado aún más con un friso de clavel morado rodeado de espinas que conformaba el exorno floral.
   Tras él Jesús de la Pasión, séptima estación, el Señor de los Hortelanos caminó sobre un monte de static morado. Y también fue morado parte del exorno de Jesús Caído, el Señor de los toreros, encargado de representar la octava estación, que lució fiel a su clásica estampa de siglos.

   Y de hermandad de solera a otra más jovencita como la hermandad de la Santa Faz, encargada de representar la novena estación. El Señor entró con un cortejo en su mayoría de jóvenes cofrades. En lo que respecta al paso, lució exornado con la exquisitez que acostumbra en los últimos años.

   Y mientras el paso de caoba de Nuestro Padre Jesús de la Santa Faz se perdía por la calle Torrijos, un ascua de luz se abría en la Puerta del Puente, la voz señalaba la décima estación, y ante nuestros ojos quedaba enmarcado el paso de misterio de la cofradía de la Paz exornado con clavel rojo y con túnica color berenjena bordada en oro fino. Jesús de la Humildad caminaba a lo sones de la música de capilla, reposado, reservándose para volver a dejarnos el sabor a cofradía en enclaves como los románticos jardines de la Merced, donde llegó bien entrada la madrugada.

   Y de este gran misterio al menudo paso del Cristo del Amor, menudo en tamaño pero grande en fe y devoción la que le profesa su barrio que ayer le acompañó hasta la Cruz del Rastro. Como novedad después de casi cuarenta años el misterio fue acompañado por los ladrones para representar la décimo primera estación. Siguiendo a este pasaje llegaba el Cristo de la Expiración para representar la décimo segunda estación, el Cristo de San Pablo lució el faldón frontal bordado por Antonio Villar.
   Si como hemos indicado el acto se vivió con total recogimiento este se elevó al aparecer en escena el Cristo del Remedio de Animas. El Crucificado de San Lorenzo fue sobre un original calvario. El Remedio de Animas fiel a su estampa caminaba a los sones de la voz de sus hermanos que entonaban el Stabat Mater dolorosa .

   Tras la muerte de Cristo tan bien representado por Animas, de nuevo la voz leía la decimocuarta estación, en una correlación de imágenes que como fotogramas nos mostraron el Descendimiento, traído desde el Campo de la Verdad, el paso lució exornado con clavel rojo y con el gusto que acompaña a este misterio en los últimos años. Le seguía la Virgen de las Angustias, de quien de nuevo no dejó a nadie indiferente la obra cumbre de Juan Mesa levantó más de un elogio sobre todo a todos aquellos que la veían por primera vez. Y cerrando estas secuencias el Santo Sepulcro, el dorado catafalco que desde la Compañía cerraba, como en años ya perteneciente a otras épocas, la procesión oficial del Viernes santo.

   Como broche de oro a este magna procesión el Resucitado, el Señor de Santa Marina que lució de forma extraordinaria con una sábana sobre el brazo y exornado con flor blanca.

   Tras el Vía Crucis todos los pasos se adentraron en la Catedral dejando una estampa par el recuerdo de los que muy pocos privilegiados pudieron disfrutar. Tras un acto de adoración al Santísimo las cofradías retornaron a sus templos, al cierre de esta edición las cofradías seguían aún en las calles.

Francisco Mellado - Diario Córdoba 15/9/2013



Apoteosis cofrade en Córdoba

   Estaba escrito. Córdoba estaba llamada a ser en la jornada de ayer el mayor epicentro cofrade y respondió a las expectativas. El Vía Crucis Magno forma ya parte de la historia memorable del sentimiento cofrade cordobés, pero también se convirtió en uno de los acontecimientos turísticos más importantes que se han organizado en la ciudad en mucho tiempo. Estaba escrito y Córdoba dio lo mejor de sí, aunque el desbordamiento de miles de personas colapsaron el casco histórico en un lugar llamado a ser la futura carrera oficial. El número de personas cumplió las expectativas, aunque también dejó al descubierto carencias que provocaron el retraso en el comienzo del Vía Crucis por las dificultades que tuvieron los costaleros en situar los pasos en Ronda de Isasa. Llegó un momento en el que era imposible moverse en la Cruz del Rastro, lo que dificultó enormemente el acceso de la procesión.

Grandes Momentos
El Año de la Fe fue la culminación del sentimiento cristiano para miles de cofrades, la concentración mayúscula de la devoción en el entorno de la Mezquita-Catedral, pero también la ramificación fervorosa desde los templos de los que surgió la fe convertida en materia artística. Solventadas las dificultades de acceso, a las 21.02 se inició la adoración a los mártires y pocos minutos después la Reina de los Mártires cruzaba bajo la Puerta del Puente camino de la Catedral. Los minutos pasaban hasta que, a las 21.45 horas, el delegado diocesano para Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado, anunciaba que el retraso acumulado se debía a los problemas para que se reagruparan los pasos. Dicho esto, comenzaba el momento culminante. Dos minutos después, Jesús de la Oración en el Huerto cruzaba el arco del Triunfo. El obispo Demetrio Fernández inició el rezo en uno de los enclaves turísticos más importantes de España. Se inició la primera estación. "Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los olivos; y lo siguieron los discípulos (...)". Miles de cofrades desbordaron sus sentimientos, se sintieron protagonistas del primer vía crucis, el que llevó a Cristo a la cruz hace más de dos mil años en Jerusalén. Se hacía forma el proyecto que aprobó en mayo la asamblea general de la Agrupación de Cofradías presidida por Francisco Gómez Sanmiguel. Solidificaba el arduo trabajo que hizo del verano una verdadera Cuaresma preparatoria para 18 hermandades elegidas para la historia.

    Córdoba se despertó temprano. Las casas de hermandad abrieron sus puertas al entusiasmo de sus hermanos y al nerviosismo incontrolable. Las iglesias alumbraron su belleza arquitectónica y los pasos atrajeron a centenares de personas que quisieron ver antes que nadie el misterio de la fe, verdadero arte contenido hace décadas, hace siglos en algunos de ellos. La luz reflejó el cromatismo floral, engrandeciendo la maestría perfilada con las gubias de maestros escultores. Los sonidos que surgieron de las formaciones musicales se trasladaron a las calles de la Judería por la mañana, que anunciaron que algo grande tendría lugar por la noche. La Ribera nunca fue tan cofrade. Desde la Torre de la Calahorra comenzó a verse pronto la aglomeración. La Policía Local era incapaz de cuantificar el volumen de personas que se movían por el centro y el casco histórico de Córdoba, aunque reconocía que hacía mucho tiempo que no se vivía una situación de concentración de personas como el de ayer. La llegada del primer paso a la Cruz del Rastro fue recibida con enorme expectación. Nuestra Señora Reina de los Mártires tenía el honor de ser el inicio de todo, el homenaje a los mártires cordobeses, el recuerdo a una ciudad que, tras Roma, es la que más mártires cristianos recoge la historia. En solemnes procesiones, fueron llegando, como estaba previsto, los 17 pasos que protagonizaron las 15 estaciones del Vía Crucis Magno.

   Fueron momentos que recordarán muchos cofrades y quienes pudieron presenciar un acontecimiento irrepetible. Cuando a las 23.23 el obispo Demetrio Fernández rezaba la oración final y calificaba de "piadoso" el vía crucis, "una expresión pública de nuestra fe", estaba cruzando la Puerta del Puente Nuestro Señor Resucitado. Era la mejor culminación al Año de la Fe, seguido con profundo respeto por las miles de personas que se concentraron en el entorno de la Mezquita-Catedral.

   Quedaba la adoración al Santísimo en la Catedral y la bendición final, comienzo también de un histórico regreso de las imágenes a sus templos en una peculiar madrugada cofrade. Momentos irrepetibles para las 18 hermandades que se volcaron con este magno evento, enorme esfuerzo para los integrantes de la Agrupación de Cofradías y, sobre todo, especial atractivo para que miles de turistas llegaran a Córdoba a descubrir una expresión de enorme belleza plástica en un escenario único.

F. Expósito - Diario Córdoba 15/9/2013



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