Letanía a María Santísima de la Amargura - Ilustre y Piadosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura. (Córdoba - España)

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Letanía a María Santísima de la Amargura

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Precediendo al Divino Nazareno Rescatado (¡qué cosa ésta! ... ) como si la Virgen "adelantara definitivamente la hora, de su Hijo", para rescatar al mundo con su muerte, y como hizo en Caná Galilea en una boda de amigos (ver Evangelio de S. Juan 2-1-11), en la tarde del Domingo de Ramos, en nuestra ciudad, la Stma. Virgen también singularmente "se adelanta", y cuando la ha mirado reverente el Arcángel San Rafael entre las palmeras del jardín que hace de vestíbulo populoso a su salida procesional ... María, comienza a llorar y "se adelanta a todo" y echa a andar con una impresionante comitiva penitencial, es ¡la Hermandad Trinitaria de Jesús Nazareno Rescatado!

Nuestra Advocación de hoy, es una palabra que estremece, porque tiene todo el acíbar sacaba del áloe, ME para purgar ... ¡Amargura! Es tanto esta palabra que sobre su vida y su corazón llevó María de Nazaret, que es como un ramo bien atado de aflicción, pena, pesadumbre, sufrimiento, disgusto.... que ¡nunca se agota su contenido! porque la causa de la Madre, es la misma del Hijo, y éste es Dios y Hombre, el Sumo Bien, el Amor, la luz...

San Pablo, dice en varias cartas suyas, que el "favor que nos otorga Dios, no es sólo creer en Cristo su Hijo, sino sufrir por él (ver. Filp. 1, 29- 2 Cor. 11, 23-27) y así es como el desencadenamiento de las tribulaciones que a los creyentes les vengan por seguir a Jesucristo, es como padecerlo, hace bienaventurados...

La Virgen de La Amargura, muestra en verdad un rostro de bienaventurada, las delicadas lágrimas de su paciente mirar, efectivamente son de Amargura. Bienaventurada. Una talla, que por más que se indicara en su tiempo, que fue consecuencia de la "restauración" de la antigua Dolorosa del cordobés José Callejón hecha en 1942, no he visto jamás lo más contrario a "restaurar", porque no es restaurar quitar la cara (mascarilla) de una Imagen, y ponerle otra nueva... , y no es concebible que ésta Virgen de muy distinta postura, sea la misma de Callejón que más madura ("menos niña") y mirando hacía arriba levemente, pero evidentemente hacia arriba, hizo para la Hermandad del Rescatado. Si mal no recuerdo, Martínez Cerrillo, una vez "restaurada" la Virgen de Callejón, la expuso en la Sala de Arte Municipal que había en la calle Góngora (hoy lateral monstruoso de Hacienda, aplastando, el Gran Capitán y Góngora) y se empezó la gestión de un palio de cueros repujados (guadameciles sobre plata y colores) que tantos años sería carácter (casi inmóvil) sobre este palio del Domingo de Ramos, yendo con proyecto de una terminación, que jamás se llevó -por suerte- del todo a cabo. la imagen de la Amargura, que quedó desde 1966 nada tenía que ver ya con la Dolorosa mística y hermosa (de óvalo facial) tantos años sin palio había ido con el divino Nazareno Trinitario. ¡Todo lo alto y excelso que aparecía cada año sobre su Paso, el Rescatado, al salir y pasar por la Ciudad..., aquella Virgen antigua, también se elevaba sobre una delantera de cirios y flores, elevando sus ojos tenuemente en la noche intensamente pasionista, de promesas y  votos de las masas de penitentes, pero salía sin palio.

La Amargura, a la cual rezamos hoy y da culto su Hermandad, es propiamente una Virgen joven en la mejor línea de Martínez Cerrillo, intermediando la dulzura de la Virgen de la Paz, y la expresión que tenía La Piedad (antes de todas sus "restauraciones"). Es la doncella, del candor de las pinceladas del Btº Angélico en conceptos artísticos bien distintos ¡naturalmente! -pero es la Virgen misma con esa fragilidad, que asume el Misterio, y lo refleja en esa misma suavidad de pincelada, de ternura inefable..., que si en la Anunciación italiana universal es de gozo; en la andaluza Virgen de vestir de Pasión es para mostrar el jugo de un corazón celestial atravesado de ultrajes al Verbo Humano ya en directo destino a la Cruxifixión. La Dolorosa de Martínez Cerrillo lleva una Amargura en místico crecimiento, y sus manos le ensanchan las posibilidades de "írselo presentado" al infinito Plan del Altísimo... Decía el Cardenal Mercier (en "La pesanteur et la grace". op. e; p.47) "La muerte no es tan solo un destrozo violento que hemos de sufrir de modo implacable. Es un acto al cual debe asociarse el alma cristiana"... ¡Nadie como la Virgen Stma. asocia su alma, a la dolorosa muerte que hombre o mujer han padecido en este mundo!, pues aún cuando los tormentos se puedan imaginar mucho más complicados y retorcidos para acabar con una vida humana..., la tragedia del siervo Sufriente de Yahvé, "el destrozo del Verbo Humanado" era la violencia cruel de infinitos males, inmensas actitudes del mal, del pecado universal del género humano.

Una Amargura; toda la amargura bíblica de la Hija de Sión, que como refería el Franciscano, San Bernardino de Siena, le ocasionaba a Ella, "unos sufrimientos, que los de María únicamente bastan para quitar la vida a todas las criaturas capaces de dolor, si ese dolor que asumió, se repartiera" ...Si esto nos pareciera encarecimiento "subliminal", no es desmedido, porque el efecto con su mar amarguísimo, era colaborar al baño de la Gracia que daba el fruto de su Vientre Jesucristo el Hijo de Dios Eterno. Son el Rescatado, y la Amargura, como dos clarísimos espejos encontrados, que reverberan y corredentoras en pos de la Salvación universal. Pensemos que si todas las criaturas estaban llamadas a ser (por el Divino valor que Dios pone en su entrega de Salvar el Mundo..., en la tragedia del Calvario) "condolientes" en la Muerte de su Criador (que hasta el sol y la luna, el terremoto y la tormenta se estremecieron y oscurecieron, como leemos en los textos sacros y vemos envolviendo al Cristo de Ánimas de San Lorenzo) ¡cómo estaría el alma de María afectada de Amargura, de sombras y turbación! si hasta los Ángeles (que por ser espíritus sin cuerpo) que son impasibles, -le fue revelado a Santa Brígida- estaban turbados... La carne del Corazón de Madre de Cristo ¿cómo estaría? su espíritu santo ¿cómo se sentiría? sus ojos ¿cómo no llorarían? ¡qué lagrimas no derramaría Ella la que tenía que llorar el llanto más bendito del mundo! (podríamos dejar esto para ofrendarlo a la Virgen Reina Malva de la Hermandad de La Misericordia..., en su singular advocación...)

Así es nuestra Virgen de la Amargura, a pesar de que los azules que la envuelven, los encajes que acarician su fino cuello, las flores de oro que llenan el luto azul firmamento de su saya, la presentan ante Córdoba,  bellísima, y meciendo la plata retorcida de sus colgantes candelabros de manto. El Escapulario Trinitario del Liberador Rescatado, la emblematiza también a Ella en todo, y la Gracia de la Nueva Eva nos llena la existencia de la paradoja positiva del Bien, al verla pasar abriendo puerta a Dios en Imagen de dolorida majestad atado y sobre altura de claveles color sangre. Puede ser que incluso los sentimientos que siempre laten en nosotros (de dureza, sequedad, incluso desesperación...) porque dependen de la situación exclusiva del hombre y su soledad en medio del mundo... hayan sido el origen de una teología del Dios inaccesible, ausente, o inexistente..., como lo han definido en los siglos Mahoma, Calvino o Kierkegaard. Frecuentemente es necesario que exista una Imagen, un reflejo ¡un eco! para que el SER se revele, y no lo conoceríamos si estuviera solo delante de nosotros y sin espejo... Por ello en la Amargura generosa de la Virgen, también Dios se refleja vivo y fuerte..., porque la característica de Ntra. Sra., es ser para todos ¡la gran medida puesta por Dios, para darnos su acceso a El, que nos rescata con su Vida! y además no olvidemos, que si bajo palio Ella sale antes, es porque en Jerusalén mismo, dejó una calle llamándose con su mismo sentimiento (más que el mismo sentimiento masculino de su Divino Hijo cargado con su Cruz) de Madre... ¡la santa calle de La Amargura! donde el padecer de Dios, se relejaba en el padecer de María, y viceversa.

                                                                                                                                                                Fray Ricardo de Córdoba                                                                                                                                                                Franciscano - Capuchino

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