Crónica (1941 - 1991) - Ilustre y Piadosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura. (Córdoba - España)

Vaya al Contenido

Menu Principal:

Crónica (1941 - 1991)

Aniversarios > Cincuentenario Fundacional

    La ciudad de Córdoba tiene cuatro devociones principales por su tradición y seguimiento popular: la del arcángel custodio San Rafael, su co-patrona Nuestra Señora de la Fuensanta y dos que procesionan: la Virgen de los Dolores y el Padre Espiritual y Señor de Córdoba, Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, de cuya Hermandad se conmemora en el presente año (1991), las bodas de oro.

    Erigida canónicamente en la parroquia de Ntra. Sra. de Gracia y S. Eulogio, también colegio y convento de los PP. Trinitarios, la última fundación de la Cofradía que ahora se celebra data del 20 de agosto de 1941, fecha en la que se emitió el decreto formal de aprobación por el vicario general D. Benjamín Salas Diestro, siendo obispo de la diócesis cordobesa monseñor Adolfo Pérez Muñoz. Decimos última creación porque queda constancia de la existencia de la Hermandad desde que en 1713 fue esculpida la imagen del Titular, si bien la pista de su evolución se pierde como un verdadero guadiana, apareciendo de nuevo en fechas como 1770, 1859, 1873 o 1939.

    Con anterioridad y hasta el año 1942 el único titular fue Ntro. Padre Jesús Rescatado, modificándose entonces los estatutos para dar culto a la Virgen de la Amargura, incorporándose ésta a la estación de penitencia el Domingo de Ramos de 1945, si bien durante los años 42 y 43 la Hermandad realizó su desfile procesional el Jueves Santo.

    La talla del Señor fue realizada, a semejanza de la del Cristo de Medinaceli, por Fernando Díaz de Pacheco en 1713 tras el encargo del trinitario fray Cristóbal de S. Juan de Mata, perteneciendo a la escuela granadina; y la Virgen fue tallada en 1942 por José Callejón, siendo profundamente reformada por Juan Martínez Cerrillo, en 1966.

    Los 1.200 miembros que integran la Cofradía viven sus momentos de mayor actividad durante los Triduos de septiembre y noviembre, y el Quinario cuaresmal precedido por la jornada de veneración del primer viernes de marzo, cuando desde el amanecer miles de cordobeses testimonian su devoción ofreciendo, junto a la ofrenda floral, una oración a las plantas de su Señor; el Vía-crucis del Viernes de Dolores y la estación de penitencia del Domingo de Ramos, en el que Córdoba entera se descubre el paso del Rescatado, que caminó este año acompañado durante el recorrido por una impresionante multitud de penitentes, alrededor de 15.000, lo que obliga a que de forma peculiar la imagen de la Señora sea la que encabece el cortejo para una mejor organización de éste.

    Las principales actividades del cincuentenario durante el año de celebración del mismo y que concluirá en la festividad de Cristo Rey, vienen representadas por un Pregón inaugural, Cena de Hermandad, Verbena Popular, Procesión Extraordinaria, Edición de Carteles y de un Boletín Especial, Exposición de Fotografías y Enseres, Conferencias, además del magnífico realce de los cultos y actividades ordinarias.

    La efemérides del Cincuentenario Fundacional, que tanto se repite actualmente en nuestras hermandades como consecuencia del renacer cofrade de la postguerra, quiere ser un pretexto para agradecer a todos aquellos que con su trabajo diario lo hicieron posible, un momento de reflexión sobre lo que la cofradía representa en la santificación de nuestras vidas y como aportación a la Iglesia, y también un momento de alabanza y exaltación de Jesús y María corno aliento de todos los que buscan y fundamento último de nuestro peregrinar.

    A diferencia de los nazarenos de cruz que congregan las mayores devociones en muchos de nuestros pueblos y ciudades, los cordobeses depositaron su corazón y confianza en este Nazareno cautivo, rescatado del infiel por la 0rden Trinitaria, de donde le viene su advocación. La serenidad y mansedumbre de su rostro, la majestuosidad de la talla. y unos ojos que se clavan infinitos de misericordia y bondad, mueven a la devoción sincera, a afanarnos como obreros constructores de un reino de justicia, a sentirnos portadores de paz, peregrinos de fe, testigos de esperanza.

                                                                                                                                   Francisco García Calabrés-Cobo


Regreso al contenido | Regreso al menu principal